23/9/08

VALOR Y DIRECCIÓN DE LAS CUATRO FUNCIONES DE LA CONCIENCIA (esquema análogo al yin-yang)


Del libro:
"La psicología de C. G. Jung" de Jolande Jacobi

LAS CUATRO FUNCIONES DE LA CONCIENCIA (esquema)


Del libro:
"La psicología de C. G. Jung" de Jolande Jacobi

EL INCONCIENTE (esquema)


Del libro:
"La psicología de C. G. Jung" de Jolande Jacobi

EL YO, CONCIENCIA, INCONCIENTE PERSONAL Y COLECTIVO (esquema)


Del libro:
"La psicología de C. G. Jung" de Jolande Jacobi

CONCIENTE E INCONCIENTE (esquema)

Del libro:
"La psicología de C. G. Jung" de Jolande Jacobi

1/9/08

EL GRAN CICLO DEL MANDALA


El siguiente gran ciclo del mandala proviene de la consulta de la terapeuta del arte estadounidense, Jon Kellogg, que desde hace años trabaja con mandalas. Contiene doce prototipos de mandalas, que representan cada una de las relaciones entre el Yo conciente y el Yo inconciente, y marcan una fase importante del desarrollo de la personalidad. Cada uno de nosotros la experimenta a lo largo de su vida.
Si compara las formas de los mandalas que pinta, o de los que más adelante creará usted mismo, con el gran ciclo observará cómo es la relación actual entre su Yo conciente y su Yo inconciente. Así podrá controlar su proceso de desarrollo anímico y aplicar sus fuerzas concientemente.


1. El vacío

El vacío pertenece a las reminiscencias primigenias del ser humano anteriores al nacimiento. Con frecuencia, el vacío aparece en el centro del mandala como un espacio blanco y brillante. En esta fase se forman las contradicciones: el negro se separa del blanco, el claro del oscuro y el masculino del femenino. Estas parejas de opuestos son los elementos que determinan el mundo material.
Durante la meditación profunda se puede alcanzar el estado de vacío en el que reina una unidad y totalidad perfectas. Significa liberación, salvación, pero también libertad y amor incondicional. Existe otro estado de vacío, el que experimenta el ser humano cuando, después de su nacimiento, empieza a desarrollar su personalidad. En este punto, el espíritu, que es conciente de sí mismo, contacta con la materia, es decir, con la Tierra. Aquí empieza un proceso de aprendizaje y en su transcurso deberemos equilibrar nuestras contradicciones.

2. La felicidad
La segunda fase que sigue al vacío está impregnada de armonía y del sentimiento de unidad con las cosas en un mundo favorable. El tiempo en esta fase pasa lentamente y las posibilidades que se nos ofrecen son casi ilimitadas. Nos sentimos amados y vivimos en una especie de sueño sin movimiento propio; la realidad no nos interesa. Nuestra tarea consiste en decidirnos por una de las muchas posibilidades que se nos ofrecen.

3. El laberinto
Después de la vida sumida en sueños, empieza una fase de vigilia que está marcada por la intuición y la claridad espiritual. Se inicia el proceso de formación individual y la búsqueda de la propia personalidad. Por eso se unen y activan las fuerzas que residen en el alma. Ahora somos capaces de acordarnos de sueños olvidados, y reconocemos la importancia que tienen para nuestra vida los acontecimientos, las personas y las relaciones. Aún podemos utilizar poco este saber porque nos falta el desarrollo de la conciencia del Yo. Nuestra tarea consiste en seleccionar las informaciones que podemos asimilar y nuestros sueños, y hacerlos comprensibles a los demás.

4. El inicio
La cuarta fase pone de manifiesto la decisión de un determinado camino que pensamos tomar. La autoconciencia y la individualidad despiertan, estamos entusiasmados con nosotros mismos. Se puede detectar una tendencia al narcisismo que hace que mimemos y cuidemos lo nuevo que surge en nosotros. Nuestra tarea consiste en cuidar nuestro estado físico, mental y espiritual, y en poner atención a las fases de la relajación.

5. La diana
La época carente de problemas de las etapas anteriores termina con la quinta fase. Está marcada por la experiencia desagradable del sufrimiento, pero sin un motivo concreto. En esta fase algunas personas presentan un comportamiento forzado o expresiones de ira. En su vida predomina la vulnerabilidad y la irritabilidad hasta caer en la manta persecutoria, así como los sentimientos de abandono. La única solución parece ser un orden diario rígido para poder controlar un mundo que les resulta peligroso. Nuestra tarea consiste ahora en entender que la presión que soportamos es necesaria para nuestro desarrollo. Deberíamos enfrentarnos a nuestros miedos con decisión.

6. La lucha con el dragón

Es posible que, más adelante, volvamos a caer muchas veces en la sexta fase de los adolescentes. El enfrentamiento de los jóvenes con sus padres se denomina la lucha con el dragón, porque en un principio lo entienden como un poder enemigo que les ata. Pero en el futuro, después de haber cortado el cordón umbilical, aparece como una luz beneficiosa. El estado de los adolescentes oscila entre el sentimiento de abandono, miedo o depresiones y momentos de felicidad. La tarea consiste en que el joven no sea exigente con sus padres y se controle, y finalmente tome las riendas de su vida.

7. La cuadratura de círculo
En la séptima fase, finalmente, somos independientes y capaces de dar, amar, aprender y pensar ordenadamente. La tensión entre las anteriores contradicciones se ha disipado. Nuestra conciencia está marcada por la claridad, no sólo somos capaces de entablar nuevas relaciones y encontrar nuestra pareja espiritual, sino también de reconocer nuestro cometido en la vida y de asumir obligaciones. Nuestra tarea consiste en concientizarnos de nuestro “self” y utilizarlo como una ayuda orientativa para determinar la importancia de los valores personales.

8. El Yo que actúa

En la octava fase la autoestima ha alcanzado a su punto más alto. Estamos viviendo en concordancia con el mundo que nos rodea y, además, hemos desarrollado facultades sociales. El sentimiento de soledad ha desaparecido. Sentimos una voluntad fuerte y somos concientes de nuestras responsabilidades. Nuestro comportamiento está marcado por la actividad y el deseo de realizar nuestros ideales. Nuestra tarea consiste en enlazar hábilmente las metas personales con las de los demás.

9. La cristalización

En la novena fase podemos acabar proyectos y trabajos. En esta etapa dominan menos las nuevas ideas que el avanzar con fuerza. Como ya hemos conquistado un puesto en la sociedad, estamos contentos y en paz con nosotros mismos. Nuestra tarea es disfrutar de nuestro éxito, sin agarrarnos a él, ya que tendremos que abandonar lo conseguido.

10. La puerta de la muerte

En la décima fase se ha alcanzado todo. Sin embargo, de repente los éxitos no saben a nada, todo lo que se ha construido, creado y obtenido parece no tener ninguna importancia. Éstos son los típicos síntomas de la crisis de la mitad de la vida (midlifrecrisis). Nos partamos de nuestro ambiente habitual y nos concentramos en nosotros mismos, en nuestra vida interior. Nos percatamos de todo lo perecedero y somos concientes de que la muerte está cerca. Nos preocupan las depresiones, los miedos a las pérdidas y la desorientación. Nuestra tarea es examinar las metas conseguidas hasta ahora, abandonar las ideas anticuadas y practicar la renuncia.

11. El desmembramiento
En la onceava fase nos afligen los miedos y los desconciertos. El mundo que hemos construido se derrumba. Experimentamos un sentimiento amargo de estar dominados por un poder despiadado y, como consecuencia, aparecen los sentimientos de pérdida y las agresiones hacia nosotros mismos. Nuestra tarea consiste en resignarnos a lo inevitable, relativizar la importancia del Yo conciente y aceptar la decadencia. En esta fase nos puede ayudar la absoluta confianza en que existe un orden superior.

12. El éxtasis trascendental
En la doceava fase el desgarrado Yo forma otra vez una unidad. También podemos hablar de la fase del feliz retorno al hogar. Ahora la relación con el Yo inconciente es perfecta. Nos invaden la armonía y la alegría. Parece que hayamos encontrado nuestro humilde lugar dentro del gran mundo. Nuestra tarea consiste en aceptar con humildad los frutos de la vida. Ahora, cuando entramos de nuevo en un gran ciclo, nos acompañan todos los recuerdos de las experiencias vividas.
Del libro "Mandalas. Teoría y práctica"
Sascha Wuillement y Andrea-Anna Cavelius
Ed. Mens Sana

16/2/08

Las formas de mandalas en el arte popular


El inicio de nuestra exploración de la forma del mandala en el arte se encuentra en la prehistoria, época en la que los pintores rupestres expresaban su inspiración artística dibujando soles y espirales, dioses, personas y animales. En años posteriores (desde varios siglos antes de la era cristiana hasta la actualidad) los mandalas abundaron en el arte popular y religioso. En prácticamente todas las culturas del mundo aparecen diseños circulares en pinturas, bordados y tallas populares, y en azulejos y mayólicas.
Le pintor Albrecht Dürer (1471-1528), en particular, contribuyó a difundir diseños circulares por Europa a través de sus libros de ejemplos de ornamentación geométrica para pintores, fabricantes de muebles y otros artesanos. Muchos de estos diseños se basaban en formas antiguas que todavía se encuentran en España, en el País Vasco, y en Hungría, Baviera, Austria y Suiza. Los descendientes de los emigrantes europeos de estas zonas que se establecieron en Norteamérica, en Pensilvania, continúan utilizando estas formas circulares y de estrella en sus graneros para alejar a los malos espíritus y favorecer las buenas cosechas. Estos diseños se llaman hex sings (hex = de la palabra alemana hexe y significa “bruja” o hechicera”), lo cual alude a que la practica de la magia negra era común entre los antepasados de los europeos de Pensilvania.
También podemos encontrar símbolos circulares en las danzas populares como la danza meditativa de los derviches turcos, los cuales expresan el movimiento de la Tierra alrededor del Sol girando sobre sus propios ejes. El propósito es que los bailarines realicen la danza y la experimenten como un ritual interior. Al repetir continuamente los movimientos y los ritmos, alcanzan un estado meditativo que les permite desprenderse de los pensamientos y que el cuerpo y el espíritu entren en armonía.

22/1/08

CUATERNARIO

El cuaternario es en la ordenación lo que el tetramorfo expone en el plano místico; sí no cabe identificación, sí correspondencia y analogía. Se fundamento en el cuatro. Platón dijo: “El ternario es el número de la idea; el cuaternario es el número de la realización de la idea”. Por esta causa, el ternario se halla situado en la vertical (tres mundos, tres niveles), mientras el cuaternario se halla dispuesto en la superficie, en el plano que pasa por el nivel central, es decir, por el mundo de lo manifestado. Por ello el cuaternario corresponde a la tierra, a la organización material, mientras el tres expone el dinamismo moral y espiritual.

Escribió Cartario “Las figuras cuadradas de mercurio, que sólo tenían la cabeza y el falo, significaban que el sol es el jefe del mundo, el sembrador de todas las cosas; incluso de los cuatro costados de la figura cuadrada, designan lo que significa el sistro de cuatro cuerdas, dado a Mercurio, es decir, las cuatro partes del mundo o, de otro modo, las cuatro estaciones del año…”
En evidente conexión con dichos “hermes” están

- las figuras de Brahma de cuatro rostros, de la india, correspondientes a los cuatro Kumaras, que entre los persas son cuatro ángeles, en relación con las cuatro estrellas denominadas “reales” del firmamento: Aldebarán, Antares, Régulus y Fomalhaut, dispuestas en los cuatro signos fijos del zodíaco: Tauro, Escorpio, leo y Acuario.
- El símbolo de ,los cuatro ríos del paraíso, que nacen al pié del Árbol de la Vida (eje del mundo)
- Los cuatro puntos cardinales que, según el Zohar, corresponden a los cuatro elementos y a todas las formas que revisten el aspecto de la cuaternidad

Las correspondencias más interesantes del cuaternario son las siguientes:

- Este (primavera, aire, infancia, amanecer, luna creciente)
- Sur (verano, fuego, juventud, mediodía, luna llena)
- Oeste (otoño, agua, madurez, atardecer, luna menguante)
- Norte (invierno, tierra, vejez, noche, luna nueva)

Bachelard cree en la relación de los temperamentos con los cuatro electos que acaso pudiera establecerse así: aire 8anguíneos); fuego (nerviosos); agua 8linfáticos); tierra (biliosos).

La importancia del cuatro tiene además un fundamento estadístico; el cuadrado es la forma más utilizada por el hombre o, en su defecto, el rectángulo. Según la concepción hindú, la idea de totalidad está ligada íntimamente al número cuatro, en coincidencia con Platón.

Jung se ha interesado profundamente por el simbolismo de la cuaternidad y a su imagen ha constituido la organización de la psique humana, dotándola de cuatro funciones: percibir, intuir, sentir y reflexionar. Sitúa éstas en los cuatro extremos de una cruz y supone que las tres colocadas a izquierda, derecha y arriba son concientes, mientras que la cuarta es inconciente (reprimida). En similar disposición y organización cuaternaria aparecen los componentes principales, arquetipos, del ser humano: Ánima, Sombra, Yo, Personalidad, en derredor del Selbst o “Dios en nosotros”

Podemos situar las fases de la operación alquímica en un orden cuaternario; de lo inferior a lo superior: negro, blanco, rojo, oro.
Las pulsiones de Diel pueden también ordenarse por el mismo esquema; pues si sólo menciona tres: conservación, reproducción, espiritualización (evolución), es porque la función oculta, en ese caso, es la tanática.



Fuente: “Diccionario de símbolos”, Juan Eduardo Cirlot, Ed. Labor

25/9/07

UTILIZACIÓN TERAPÉUTICA

Los Mandalas y su utilización terapéutica

A menudo estamos nerviosos, padecemos dolor de cabeza y tensiones, estamos deprimidos
y reaccionamos de forma agresiva sin ningún motivo.
Estos son signos de alarma que el alma exterioriza y significan que el individuo está desbordado,
que debería descansar y buscar algún medio de relajación.
Los afectados no son sólo los adultos, sino que cada vez hay mas niños nerviosos y con problemas
de falta de concentración, o que sufren trastornos del comportamiento y desarrollo causados por su estado anímico. Estos síntomas son el signo de que el ser humano ha perdido su unidad interior.

Causas físicas-anímicas de discordancia

Existen numerosas causas de discordancia que nos pueden afectar: en los adultos se deben al estrés producidos por motivos profesionales y económicos o por las relaciones de pareja. En los niños se debe a las mayores exigencias escolares, al poco tiempo que pasan con sus padres y, naturalmente, al contacto más asiduo con los nuevos medios. Actualmente, casi todas las familias tienen televisor y computadora que asumen cada vez más el papel de único interlocutor, pero que no ayudan en absoluto a la relajación tan necesaria, después de un duro día de trabajo o de escuela. En lugar de ayudar a encontrar la tranquilidad para restablecer la mente y el alma, contribuyen a alterar los nervios, ya de por sí en tensión.
En algún momento, se llega a un punto en el cual nos sentimos agotados, paralizados y lejos de nuestros verdaderos deseos y necesidades. Las consecuencias de este aislamiento del propio Yo son los miedos, depresiones, dudas, inseguridad e incapacidad de tomar decisiones, lo cual, en ocasiones, es acompañado de una disminución del rendimiento laboral o escolar.

En busca de nuestro Yo perdido

Existen varias posibilidades de devolver a nuestra alma la armonía, de reencontrar la unidad desde este desmembramiento. Estas posibilidades comprenden desde los ejercicios de relajación y respiración hasta la terapia psicologógica.
Sin embargo, y de manera creativa, podemos hacer algo por nosotros mismos pintando mandalas y recuperar así la salud paso a paso. Estas imágenes circulares están almacenadas en el inconsciente de cada uno de nosotros. Vuelven a reunir las fuerzas dispersas de la mente y el alma. Los mandalas ya se encontraban en las antiguas civilizaciones y también en los llamados pueblos primitivos. Estos, intuitivamente, sabían calmar su mente y su alma con la ayuda de imágenes circulares, como un camino para acercarse de nuevo a la propia naturaleza.
Los mandalas ejercen su efecto mediante la meditación. Podemos aprender este método de autoconcientización mirando los mandalas con calma y dejando que actúen, o rellenado sus formas con colores. Este método ayuda concentrarse, a descubrirse nuevamente, a encauzar los procesos interiores y, así, curarse uno mismo.

La meditación con los mandalas. El descubrimiento del mundo interior.

Entre las técnicas de la psicoterapia encontramos la meditación con los mandalas como un ejercicio de relajación metódico.
Carl Gustav Jung estudió exhaustivamente el efecto curativo de las imágenes circulares en el alma. Confirmó que pintar mandalas ofrece tranquilidad y sosiego tanto a los psiquicamente sanos como a los enfermos.
El trabajo con mandalas da un resultado especialmente positivo en niños inquietos, nerviosos y difíciles, ya que en ellos la barrera de complejos que obstaculiza el pintar es menor que en los adultos. Las personas a las que les agrada dibujar y crear nuevas formas, experimentarán una profunda satisfacción cuando estén pintando mandalas y con ello descubrirán un mundo muy especial, así como todas las facetas de su interior y sus posibilidades de desarrollo.